Further Light Magazine

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Carta del Cap. Robert Walton a José Smith, por mediación de John Taylor

Una perspectiva mormona sobre las inquietudes espirituales que subyacen a un clásico muy querido

May 05, 2026
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Este artículo se publica tanto en su versión original en español como en su traducción al inglés.

Loughbrickland, Irlanda
Agosto 2, 1840

Querido Hermano José:

Acatando la prudente indicación que usted nos dio a los enviados de no dispendiar los recursos como el papel y la tinta en salutaciones y excesivas formalidades, le deseo las bendiciones del Dios Todopoderoso y le comunico que después de sentir el rechazo y la indiferencia de muchos, el Señor ha tocado los corazones de algunos hombres entre quienes escucharon nuestros sermones en Belfast, y ha recibido en Su pueblo a un bendito hombre mediante el bautismo por inmersión, que se llevó a cabo en la tranquilidad del lago Brickland, en un hermoso y pequeño poblado que lleva ese nombre. Se trata del hermano Thomas Tate, de quien daré pormenores en una misiva próxima.

Por ahora me veo compelido a presentar ante usted un asunto peculiar para su consideración especial, dada la singularidad del caso. Justo después de haber oficiado la sagrada ceremonia del bautismo de nuestro ahora hermano Tate, se acercó a mí una joven distinguida por sus modales elegantes y su propiedad para conducirse en sociedad. Me dijo llamarse Maggie Saville, que su tío abuelo había escuchado mi sermón en Belfast y que la había enviado a pedirme que le concediera una plática, aunque sólo fuera por un momento. Su tío abuelo le había encargado hacerme saber que desde hace muchos años lo atormentaban ciertas preguntas muy específicas y que al escuchar mis palabras en ese sermón, supo con certeza que debía buscarme para dar con las respuestas que tanto ha esperado.

Le pregunté a la joven dónde vivía su tío abuelo, dispuesto a acudir en su ayuda, y me dijo que estaba en este mismo lugar, y que me estaba esperando en un mesón, así que fui y subí a sus habitaciones, donde su amable sobrina nos sirvió té y lo procuró, pues aunque se veía un hombre alto y fornido, también se advertía el cansancio de una larga vida llena de trabajos y en su semblante la profundidad de alguien que ha contemplado los rincones más recónditos del alma.

Cuando me vio, el hombre se mostró algo agitado y nervioso. Me habló con una voz grave y ronca, pero no agresiva. Me dijo que su nombre era Robert Walton, y que era un capitán de mar retirado, y que necesitaba con urgencia hallar respuesta a ciertas preguntas que lo atormentaban y le causaban un sufrimiento imposible de describir.

Hermano José: las cosas que este hombre me manifestó haber visto y escuchado sobrepujan la definición de lo que consideramos pecado y los alcances de sentirse extraviado y condenado. Apenas una transgresión que los antiguos griegos llamaban ὕβρις1 podría ilustrar la gravedad de las cosas que me relató, si en realidad han ocurrido como él las dice, y me temo que así sea. Por lo tanto, le dije que me consideraba incapaz de presentar sus preguntas del modo adecuado y que sería mucho mejor que él mismo le escribiera a usted, y que, de ser la voluntad de nuestro Dios, usted le respondería.

El hombre entonces hizo una seña a la joven Maggie y ésta sacó de su valija de viaje el paquete de folios manuscritos que le estoy enviando junto a esta carta.

Habiéndome permitido disponer del tiempo y del sagrado llamamiento con que Dios lo ha llamado, le ruego me disculpe y se sirva considerar leer esta misiva para dar respuesta a las interrogantes que atormentan el alma de este pobre hombre, quien, a sus más de ochenta años, dice resistirse a morir sin antes tener la paz en cuanto al asunto.

Suyo en la hermandad del Señor,

John Taylor, élder de la Iglesia de Dios

Edward Francis Finden, detail from “Expedition Doubling Cape Barrow, July 26, 1821” (1823), New York Public Library Digital Collections

Belfast, Irlanda
29 de julio de 1840

Señor profeta José:

Mi nombre es capitán Robert Walton. Mi crianza fue religiosa, como la de la mayoría, pero abandoné la fe cuando conocí la Ciencia y vi cómo se la podía emplear para conseguir cosas hasta ahora inconcebibles, llevarnos a lugares insospechados y librarnos de la esclavitud. Durante mi formación como marinero, además de cumplir con las labores exigentes que el oficio comporta, leí libros de cartografía, astronomía, botánica, y me obsesioné con Aristóteles y sus comentaristas.

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